Anónimo Anónimo

Cuestión de confianza

miércoles, 14 de mayo del 2008
Baldrichpor Baldrich

El bombardeo está siendo continuo y ya pocas son las conversaciones de bar en las que no se trata la situación actual del país. El que más o el que menos sabe que algo está pasando: vemos como las previsiones que hace el gobierno sobre el PIB son cada vez más ajustadas y reducidas; como los tipos de interés de referencia siguen su escalada; que el gasóleo ya vale más que la gasolina; que ya no podemos comprar una barra de pan o una botella de leche con un euro; que nuestro único patrimonio (la vivienda) sigue cayendo; que la inflación es algo que no acabamos de controlar; y un largo etcétera de aspectos e indicadores de lo más lúgubres.

Pasadas las elecciones, el gobierno se encuentra en la obligación de coger uno a uno esos temas macro económicos más relevantes y maquillarlos con las medias verdades que sólo la política permite, para conseguir una única cosa (y no son resultados): confianza.

La lástima es que la confianza es difícilmente medible. Bien, en realidad sí lo es, y nos dice que está por los suelos. Y es que, después de todo, todo se mueve en base a la confianza del consumidor. Yo me pregunto: ¿qué se da antes, la acción o la reacción, en economía?

Todo depende, y está asociado al concepto de ciclo económico. Primero suben los tipos de interés, pero hasta que no nos ahogan, mantenemos la fe cual reo en la milla verde esperando el milagro. Sin embargo, no somos tan alegres cuando, en situaciones de vacas flacas, se nos promete una mejora. O la vemos, o no nos la jugamos. Eso explicaría porqué sólo algunos, en el 93, ya sabían que la vivienda era oro. El resto, en muchos casos, llegamos tarde (¡papá, aún no entiendo como lo dejaste pasar!). Es parecido a lo que sucede en Bolsa, aunque en este caso, las ganas de ser el primero en llegar, hace que se hagan locuras como seguir a algún gurú economista que ese día ve la luz y presagia algún tipo de ilusión óptica.

Lo cierto es que la confianza cuesta de recuperar. Por ello creo que todos los ciclos económicos, viciosos o virtuosos, tienen sus réplicas cuando, por coyuntura, no tocaría. Es decir, la economía no puede frenar y girar 180º en un día, y culpa de ello es que los distintos colectivos mantienen unos niveles de confianza distintos. Cuando se trata de convencer al pobre para que consuma y gaste, todo va más despacio.

Con todo, la verdad, es que ¡yo no me fío!

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