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Fechas de caducidad y consumo preferente

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Fechas de caducidad y consumo preferente son conceptos distintos. El primero desde luego es más restrictivo y tiene mayor efecto en el patrón de consumo. Pasada la caducidad, y aunque respeten las pautas de conservación, un alimento puede ser dañino.

Pero en mi opinión el dato de consumo preferente es el realmente interesante de abordar en términos económicos. Se trata del concepto de obsolescencia programada aplicado a la alimentación. Este dato se utiliza con alimentos poco perecederos que pueden almacenarse un largo periodo de tiempo y que, por tanto, podríamos no comprar tan a menudo si no creyéramos que perecen.

Mientras la fecha de caducidad es el punto a partir del cual el alimento puede empezar a ser dañino, la fecha de consumo preferente es el margen de seguridad que imponen las empresas para, por un lado, sobre- protegerse ante posibles problemas de consumo y sanidad, y por el otro, asegurarse un mayor ratio de ventas.

Fechas de consumo preferente más restrictivas hacen que desechemos montañas de comida pensando que no están en buen estado para su consumo. Muchos confunden ambas fechas y desechan alimentos perfectamente consumibles porque se supera la fecha de consumo preferente. Eso, sin duda, tiene su impacto en el consumo y en la generación de residuo.

Dicho esto, tenemos mucha comida que se desecha y mucha gente que pasa hambre. Por otro lado tenemos un mercado de consumo a la baja en el que una ampliación de las fechas de caducidad supondría más alimentos disponibles en el mercado (el q no se tiraría) y, por tanto bajada de los precios. ¿Entonces, ampliar las fechas es bueno para la economía?¿y para el consumo?

El gobierno plantea ampliar las fechas de caducidad y consumo preferente como solución a la adecuación que pide Europa en lo que se refiere a volumen de alimentos desechados. A mi modo de ver puede ser un nuevo modo de provocar incremento de oferta y bajadas de precio como lo ha sido liberar las rebajas, los horarios comerciales y que tiene que facilitar esa devaluación forzada de la economía española por la vía de los salarios.

Para la industria se reduce el ratio de consumo por producto; es decir, el consumidor no tirará tanta comida y comprara menos a menudo. Por otro lado, sin embargo, el supermercado no tirará tanta comida y la tendrá que estocar, por lo que probablemente compre menos producto a su proveedor para no asumir caducidades.

Si este último quiere mantener las ventas deberá bajar precio y hacer buenas promociones que compense al supermercado incrementar estoc y el volumen de compra a pesar de la menor rotación de ventas al consumidor final.

Parece que unos ganan y otros pierden. En este caso pienso en el consumidor y en el hecho que la alimentación es un bien de primera necesidad que debería estar más al margen de las tiranteces de oferta y demanda.

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