Gestión de aeropuertos: inversión, proximidad y mercado
Mucha es la tinta que ha corrido en relación a la gestión del
Aeropuerto de Barcelona por la repercusión económica que ello tiene en
el desarrollo de la ciudad y del país.
Lo que todo el mundo tiene claro es que se trata de una oportunidad
única de reorientar la proyección de la Comunidad Autónoma y el país
frente al mundo, pero lo que no es tan evidente es bajo qué batuta debe
realizarse.
Desde el punto de vista económico, hemos oido muchas declaraciones que
llevan a la reflexión, de las cuales centra mi atención la posibilidad
de privatizar la gestión aeroportuaria de Barcelona bajo el argumento
de que los grandes avances y los grandes logros económicos han venido
siempre de la mano de grandes empresas y sus modelos de gestión.
Veamos. En mi opinión, el éxito pasa por encontrar un equilibrio entre las políticas keynesianas de intervencionismo del Estado, y el acercamiento de la gestión del aeropuerto a las necesidades de un mercado nacional e internacional que nos hará más grandes.
Por tanto todo tiene sus ventajas e inconvenientes, y lo cierto es que para conseguir que el aeropuerto de Barcelona se convierta en un Hap destacado, són necesarias inevitables inversiones de arriegado retorno, almenos a corto plazo. Luego privatizar la gestión en una situación de incertidumbre, supondría, para las empresas gestoras, una presión financiera poco habitual. Sin embargo, la capacidad de endeudamiento por parte de las administraciones parece una vía mucho más razonable para evitar las zarpas de una necesidad de retorno financiero que pudiera llevar a un fracaso prematuro en caso de privatización. Y es que deberíamos borrar la idea de que las empresas privadas siempre funcionarán mejor que las públicas. Además, en muchos casos, los objetivos concretos de estas empresas (a menudo grandes grupos sin experiencia real en el sector) poco tienen que ver con intereses políticos que, por otro lado, siempre deben tenerse en cuenta.
Pero queda pendiente qué opina el mercado. ¿Y quién es el mercado? Pues bien, los ojos los debemos poner en las compañías aéreas, para quienes el proyecto debe parecer atractivo y quienes, a fin de cuentas, marcarán las rutas y pondrán los recursos. Efectivamente hay que dar valor a las empresas que usarán el aeropuerto, para que se instalen y compitan mediante innovación y servicio. Pero para dar a estas empresas lo que requieren, la gestión del aeropuerto debe estar cerca del mercado en el que se moverá. Es por ello que parece más lógico que dicha gestión recaiga en las comunidades autónomas. Desarrollar un aeropuerto de manera individualizada por cada comunidad haría que exista competencia entre ellos sin necesidad de privatizarlos, fomentandose así la competencia y la innovación por vías distintas.
Más allà de los intereses que pueda tener Barcelona como capital europea, parece lógico que la presencia de un aeropuerto intercontinental es un asunto estratégico tanto a nivel económico como político. Los vuelos intercontinentales hacen crecer la economia, entre otras cosas, por un crecimiento de la demanda externa, la cual desemboca en importantes inversiones de multinacionales en nuestro país. Pero para ser competitivo, y dar valor a las empresas, hay que arriesgar e invertir, y para eso tiene mayor margen de maniobra la administración y los gobiernos.
En definitiva, lo que en mi opinión necesita Barcelona y el conjunto de España en relación a sus infraestructuras aeroportuarias es enfoque al mercado, proximidad, e inversión, que podrían perfectamente pasar por una gestión a nivel autonómico y una inversión orientada a satisfacer las empresas promotoras del desarrollo.
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