Ley Antitabaco, y que siga la fiesta.
Recientemente hemos celebrado el primer año de la Ley Antitabaco y es momento de hacer un primer balance. En un principio, la gran preocupación venía del sector hotelero y de restauración. Y es que, por ejemplo, para un restaurante, la elección de ser o no un espacio libre de humo no ha sido sólo una cuestión de estética del local. Pero veamos qué sucede con el ámbito de la mediana y gran empresa.
En el momento de su implantación, las empresas, y sobre todo los empresarios, ya hacían previsiones de lo que podría suponer la reforma, pero desconozco si llegaban a acercarse a la realidad, Y es que el carácter latino ha tenido mucho que ver con dicho miedo. Me refiero al modus vivendi del perpetuo escaqueo. Según algunos estudios realizados, en números, estaríamos hablando de que entre un 4 y un 6% de los empleados fumadores de las empresas españolas se encuentran permanentemente en la calle fumando.
El hecho es que el tabaco es la segunda causa de muerte en el mundo, según
datos de la OMS, con 53.000 muertes anuales en el caso de España. Por tanto,
los beneficios para la salud de los individuos derivados de la ley son claros. Pero miremos desde
el prisma de las empresas.
Los beneficios se van a producir por la vía de los costes evitados, es decir, por factores como son la disminución del absentismo laboral por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco, la disminución de los costes de limpieza y conservación, y el aumento de clientes no fumadores que buscan lugares libres de humos (para empresas de servicios turísticos, etc).
¿Pero es esto realmente suficiente?¿Compensa tener a ese 6% de trabajadores inactivo?
Efectivamente, desde los empresarios, se incide en que esta ley agudizará aún más los problemas de competitividad de nuestro país. Para quien le quede duda, diremos que ese 4-6% de fumadores parados en una empresa de 500 trabajadores (con sueldos de unos 2000 euros totales brutos a pagar por empleado incluida la seguridad social) supone unos 600.000 euros al año, olvidando, obviamente, la consecuente falta de productividad.
Pero aun hay más. ¿Qué pasa con los no fumadores que se quedan en el puesto de trabajo disfrutando así de bastantes minutos menos de “recreo” y atendiendo, además, a las llamadas dirigidas al compañero?¿Qué pasa con la persona que sí consiguió dejar de fumar aprovechando las nuevas tendencias? La realidad es que habría que incentivarles, pero lo cierto es que, por el contrario, los grandes beneficiados de la ley son los propios fumadores a través de “minutos de dispersión”.
Por tanto, lo que en realidad se está consiguiendo es crear un ambiente de promoción del tabaco como herramienta de tiempo libre que está llevando a importantes pérdidas en las organizaciones, a una caída de la eficiencia y, como consecuencia, a una pérdida de competitividad. Y es una lástima, pero en el momento de implementar la ley que nos equiparaba a las principales economías europeas en materia de salud laboral, se olvidaron de que estamos en un país de muchos derechos y pocas obligaciones.¿Te pareció interesante este mensaje?