Listado de marcas blancas
La escalada de precios de los productos de primera necesidad y, en especial, de los alimentos, ha hecho que en muchas ocasiones empecemos a dejar de lado nuestras marcas predilectas para, simplemente, llenar la bolsa de la compra sin tener que dejar los bolsillos por fuera de los pantalones. "Gracias" a esta situación, una de las tendencias del mercado ha sido la de aumentar la demanda de bienes de consumo bajo las llamadas marcas blancas; esto es, marcas propias de grandes superficies y supermercados bajo las que se oculta el verdadero fabricante.
Se ha convertido en toda una ciencia de culto que ha llenado múltiples foros de Internet el descubrir quién hay detrás en la fabricación de cada producto. De hecho, no es difícil: Sólo es necesario acudir al envase, localizar el número de registro sanitario del productor y ver de quién se trata.
Lo cierto es que para el consumidor existe la ventaja clara del ahorro, pero de fondo aparece el control del distribuidor sobre la marca, cosa que puede provocar, entre otros, que cambie el fabricante sin previo aviso, por lo que aquellas galletitas que tenían ese "no se qué que qué se yo", de repente cambian de sabor.
Además, para determinados productos en los que es relevante el servicio post venta, éste desaparece o empeora debido a la falta de conexión entre fabricante y cliente.
Pero la realidad es que, como decíamos al principio, el reclamo de estos bienes no es otra que el menor coste. Por tanto, en un entorno de incertidumbre económica como el que atravesamos, no es de esperar el crecimiento de mercados relacionados con el consumo primario, sino más bien la lucha de las marcas por mantener sus cuotas. En esa lucha, no hay alternativa cuando un distribuidor solicita la identificación de los productos del fabricante con su marca de distribución. Para el fabricante no es una opción decir no, pues eso supone permitir a otras marcas ocupar lineales al lado de sus productos claramente más caros y en los que el reconocimiento de marca o la diferenciación son poco efectivos. Por ello, la estrategia es: antes de ceder lineales, permito que mis productos compitan entre ellos, unos bajo mi marca, y otros bajo la marca del distribuidor. ¿Qué hay de malo si al final quien vende soy yo?
Sin embargo, el distribuidor, muchas veces, conocedor de que la variedad de empresas que proporcionan marcas blancas de calidad es elevado, han decidido recurrir de nuevo al reconocimiento de marca de los fabricantes, negociando la posibilidad de que, en lugar del número de registro sanitario, aparezca en diminuto el logotipo del productor. El colmo del bueno, bonito y barato, no os parece?
Pero ahora bien, si parte de la reducción del coste de adquisición de un producto de marca blanca se debe al hecho que el productor no repercuta en el precio los costes de publicidad y mantenimiento de marca, cuando éste finalmente hace figurar ese logo en algún rincón del producto "blanco", ¿no sería coherente que el precio final del producto creciera? Al fin y al cabo se trata de una herramienta de diferenciación dentro de la gama de productos de marca blanca, y eso es algo que debería repercutirse. Pero lo cierto es que no parece ser así. Y es que la fuerza de las grandes marcas distribuidoras puede más que el simple hecho de llamarte Danone, Tarradellas o Don Simón.
Sólo añadir, para los locos del tema, que adjunto a este post encontrareis un archivo con un listado de marcas blancas de varios distribuidores y las empresas fabricantes que hay detrás.
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