Turismo de nieve en tiempos de sol
Que el cambio climático tiene repercusiones sobre el desarrollo económico del país es algo que ya hemos comentado anteriormente en este blog. Pero hablemos ahora del caso concreto del turismo: consecuencias sobre el turismo de nieve, donde las particularidades del negocio hacen que evidentemente el componente climatológico sea crucial.
La premisa en una estación de esquí es abrir todas las instalaciones disponibles siempre que las condiciones climatológicas lo permitan. Y atención porque hablo del clima, y no de la afluencia de visitantes. Deberán estar disponibles todos los remontadores, productores de nieve y restaurantes por pocos esquiadores que haya, siempre y cuando las condiciones meteorológicas lo permitan.
¿Qué supone eso? Las estaciones de esquí son organizaciones muy intensivas en costes fijos, lo cual hace que un año sin nieve, y por tanto, sin visitantes, provoque unos resultados de explotación nefastos. Sin embargo, no tienen opción.
Sabemos que el perfil del esquiador es muy exigente. Esquiar no sólo es
un deporte, sino un acto social; un símbolo de imagen. Por ello las
estaciones de esquí deben invertir continuamente en activos fijos para
una mejor prestación del servicio y una mayor competitividad frente a
otras estaciones, de modo que les reporte un crecimiento de ventas que
compense dichas inversiones. Históricamente las estaciones de esquí
que no han invertido en activos fijos de manera intensiva, o bien han
cerrado, o bien han pasado a manos de gobiernos autonómicos.
Cada año las estaciones de esquí tienen nuevos remontadores, más kilómetros esquiables, nuevos equipos para su alquiler, etc., y eso sin saber cómo va a ir el año.Y es que, aunque los márgenes en este negocio son altos, la rotación debida a la falta de nieve es muy baja, por lo que los rendimientos obtenidos por la explotación de los activos (ROA), son muy inferiores a lo deseable. Por ello, la vía para incrementar ventas pasa obligatoriamente por la inversión en instalaciones e infraestructuras.
¿Podrían entonces subir los precios para compensar? Eso sería del todo imposible teniendo en cuenta que se trata de una actividad familiar cuya práctica ya conlleva elevados costes. Por tanto, podría ser que subiendo los precios agudizáramos la tan deteriorada rotación de clientes.
Pero en todo esto existe un riesgo principal: la posible falta de nieve
que, obviamente, no se encuentra bajo el control de la empresa. Una opción es la producción de nieve artificial,
pero eso es algo que no siempre está bien visto por los clientes, por
lo que revierte de nuevo negativamente en las visitas. Y la verdad es
que no se entiende. El proceso de producción de nieve se realiza en
condiciones de temperatura húmeda y viento favorables, y usa como
fuentes aire y agua (que proviene de acuíferos o lagunas cercanas). Y
de ahí viene el escándalo injustificado. Incluso entidades como la
Agencia Catalana del Agua denuncian la presión mediática en lo que se
refiere a la producción de nieve artificial, alegando que dichas
prácticas favorecen la creación de reservas de agua en altas cotas que,
de otro modo, desaparecerían por evaporación o escorrentía. Pero los
clientes no entienden de tecnicismos y si no hay nieve de verdad, no
vengo.
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