Otros indicadores económicos
Cuando hay crisis, como cuando hay abundancia, todos cambiamos nuestros hábitos; todos salimos menos, todos comemos otras cosas, todos compramos en otros sitios, etc. La idea hoy es recoger algunos de esos otros indicadores curiosos que de un modo, a menudo, más sutil, nos muestran qué está sucediendo allá fuera.
Algunos de los más usuales, se asocian a situaciones concretas por las que pasa la sociedad y sus economías. Así, se sabe que las ventas de pintalabios, en tiempos de crisis, aumenta de manera importante. El no poderse costear otros caprichos, qué dirán y el sentirse satisfecho con uno mismo en un entorno enrarecido hace que la venta de este tipo de productos, al igual que, por ejemplo, las faldas cortas, prolifere.
Pero cuando hay crisis, también hay desesperanza. Probablemente eso es lo que hace que los minutos de programas del tarot en TV aumenten también sustancialmente, así como, incluso, las ofertas de empleo para tarotistas.
Si no hay dinero, no sales. Si no sales, aumenta el tiempo para el aburrimiento, y con él, el consumo de televisión y el sexo. El primero supone que las cadenas de TV replanteen sus programaciones, ofreciendo espectáculos especiales, concursos, etc. El segundo, tiene la doble vertiente del consumo de preservativos, si se los puede uno permitir...y sino, el aumento de visitas al planificador familiar.
Sea como sea, la ansiedad y la falta de recursos hace que busquemos momentos de paz y tranquilidad. Pues para ello, parece que nada como una sopa. Un reciente estudio en Inglaterra eleva que el consumo de sopa desde el inicio del boom financiero se ha incrementado un porcentaje alarmante. Barato y efectivo. Lo mismo ocurre con la venta de mahonesas y otras salsas para sandwich. Los ingleses ya no compran nada para su kit kat de mediodía, y optan por hacérselo en casa; y nada mejor que una salsita para que baje el pan de molde por la garganta.
En el caso de la publicidad, lo normal ahora es volver a los tangibles y hablar, únicamente, de lo práctico de un producto en lugar del cómo te sentiras si lo consumes. Si se trata de un coche, por otro lado, la crisis es un gran momento para sacar un pack especial 25 aniversario, un special edition para celebrar la floración del cerezo o un eco-version para reducir el máximo de equipamiento con la excusa del peso y el consumo y ofrecer un mejor precio.
Pero existen también indicadores no tan coyunturales y que forman parte ya de nuestro día a día. Cuando por ejemplo iniciáis un viaje, una de las principales preguntas que uno se hace es "¿es un país caro?", "¿Cuánto dinero necesitaré?". Pues bien, un modo interesante de saber si el país es caro o no es, por ejemplo, preguntando, qué vale un BigMac. La famosa hambueguesa de McDonalds debe ser, y con diferencia, el producto más estandarizado del Globo. Sabe exactamente igual un BigMac en Londres que en Venecia, en Nueva York que en Singapur. El secreto: una hamburguesa, 3 pepinillos, lechuga, cebolla, y la estupenda salsa exclusiva del mismo nombre. Algo tan inamovible, sin embargo, tiene precios muy dispares alrededor del mundo. Aprovéchalo y deduce, aproximadamente, cuál es el nivel de vida del país. De hecho, el llamado Índice BigMac, es considerado como una medida de valoración justa. Es decir, mediante el análisis del precio de un BigMac, comercializado en cualquier parte del mundo, podemos sacar conclusiones, por ejemplo, sobre los valores relativos de las distintas monedas. El índice BigMac ha conseguido predecir si la paridad de cambio entre el euro y el dólar se inclinaría hacia un lado o hacia otro.
Si teneis los ojos abiertos, estoy convencido que veréis muchos más...
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