400 euros más... 400 euros menos.
¡Llegan los 400 euros...y los primeros 200 este mes! Yo, de momento, ya los tengo gastados. Imagino que esta era la intención de Zapatero con tan bendecida decisión, aunque en mi caso, será para una despedida de soltero... En fin, que la gente gaste era el mensaje que se entreveía en la promesa del presidente, y eso es lo que he hecho. Por que, seamos sinceros...aunque el Gobierno se haya resistido durante meses a reconocer que la economía española se está sumergiendo (de hecho el agua ya le llega a más arriba de las rodillas) en una crisis económica, es evidente que afloran los nervios en todo aquello relacionado con la liquidez de las familias españolas y las consecuencias de una falta de la misma.
Por ello, el fabuloso regalo pre-verano para correrse alguna fiesta extra, es entendido por el que escribe como una manera más de impulsar el consumo y hacer que el dinero corra...
¿Cuánto durará la "fiesta"? Pues de momento, el Gobierno promete que la deducción dure toda la legislatura, representando unos 30 euros mensuales para los contribuyentes que perciban rentas del trabajo, asalariados y pensionistas, y también a aquellos que se beneficien de los rendimientos procedentes de actividades económicas.. Es decir, también en 2009, y años siguientes, se pagarán 400 euros a cada contribuyente, pero siempre serán en 12 pagas, a 33,33 euros por mes. Entendedlo como un prorrateo de la "paga" de hacienda, pero adelantada. Nada más. Disponga hoy de lo que podía gastar mañana (si es que le corresponde).
Mi reflexión es la siguiente: ¿Qué confianza llega a tener el Gobierno español de que en cuestión de, máximo, dos años, nos habremos recuperado? Parece que esta reforma fiscal no es más que un parche cortoplacista que de poco servirá, más que para aliviar los ánimos en esta entrada de verano...sin embargo, ahí estamos, y no viene sola.
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La escalada de precios de la gasolina y el gasóleo viene siendo continua desde hace varios años. No sería difícil encontrar una larga lista de datos macro económicos que la justificaran, pero al final, el afectado es el ciudadano de a pie, para quien las preguntas o preocupaciones se centran en cosas más sencillas. Por ejemplo, ¿Diesel o gasolina?