Logística y Transporte: Tendencias del sector
A mediados de abril se cumplía el plazo para la entrada en vigor de la nueva normativa relacionada con los tiempos de conducción y las normas de utilización de los tacógrafos en los vehículos de más de 3500kgs. Esto, unido al sustacial cambio que ha supuesto el tacógrafo digital, forman una amalgama de amenazas y oportunidades a las que está poco acostumbrado un sector tan estanco como ha sido el del Transporte de Mercancías durante los últimos años.
Las principales novedades en cuanto a los tiempos de conducción están, precisamente, en la definición de esos tiempos: ¿Qué horas del conductor deben ser contabilizadas? Antiguamente (con tacógrafo analógico, me refiero) era fácil cubrir grandes distancias, primero con un solo conductor que aplicaba la picaresca de usar discos de tacógrafo en blanco, o, en los mejores casos, mediante la contratación de dos conductores que permitieran mayores tiempos de circulación. Sin embargo, con el tacógrafo digital, la primera opción (que por supuesto ya era ilegal) desaparece, mientras que, por otro lado, con la nueva normativa, la segunda se ve alterada. Ya no se pueden cubrir, por poner un ejemplo, 16 horas de circulación mediante la suma de dos conductores que cubren su jornada de 8h respectivamente. Ahora más que nunca, descanso significa descanso, con lo que desde mediados de abril, 8+8 son sólo un máximo de 12 horas de circulación. El resto, parados. ¿Y quién paga esto?
Pero esta sólo es una de las principales novedades. Otra “interesante” es el número máximo de horas de conducción semanales permitidas, que, haciendo números rápidos, se queda en unas 35h efectivas (¿y facturables?). Un nuevo cargo, especialmente para los que tienen grandes flotas propias o pocos márgenes en sus expediciones.
Pero con todo, más que el interés por el detalle del reglamento, lo que uno se plantea es cuál es la intención de tanto cambio. Si bien es cierto que hay mucho “pirata” y “mercenario” que se compra un camión e intenta cubrir rutas de grupaje a cualquier precio y para quien sea, y que con ello a menudo pone en riesgo su seguridad y la del resto de conductores, tambien es cierto que en los últimos tiempos no ha habido demasiadas facilidades para el sector. La realidad es que los aumentos constantes en el precio de los combustibles y la reducción de los tiempos de conducción (y por tanto, facturables) hacen que, al final, las empresas usen todos los métodos a su alcance para subsistir.
¿Cuál es el panorama ahora? Los pequeños (autónomos principalmente) posiblemente no podrán soportarlo y deberán unirse a grandes operadores que les aseguren trabajos rentables para sus pequeñas estructuras. Su oferta: flexibilidad. La alternativa: desaparecer.
Los grandes, por otro lado, podran aprovechar sus ubicaciones (que en muchos casos es idónea) para ofrecer otros servicios complementarios tales como almacenes reguladores. La tendencia será, sin duda, la creación de HAPS, de modo que las grandes empresas logísitcas dejarán de ofrecer con sus flotas servicios puerta-puerta para, simplemente, desplazar sus vehiculos en líneas regulares entre centros de distribución desde los que los pequeños autónomos podrán cubrir con mayor flexibilidad y velocidad las demandas de los clientes.
Actualmente, y en mi opinión, el Logístico no es un sector en riesgo si consideramos que nos encontramos en un país de deslocalizaciones. Los procesos productivos, y especialmente aquellos con bajo valor añadido y cuyos portes deben ser optimizados para compensar dicha deslocalización, van a requerir, de manera creciente, una infraestructura sólida que permita el suministro a todos los rincones del país: no olvidemos que la producción se va, pero la demanda se queda!
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Pues hay quien aún ha entendido mejor las necesidades del mercado. Existen empresas como
Vayamos por partes. Haciendo ahora referencia al post sobre Formación Profesional (
Por otro lado no olvidemos una cosa: Ese seguimiento de las averías es
útil, pero, pase lo que pase, despedir a un técnico nunca será la
solución, dada la complejidad para encontrar a otro en el futuro, y los
costes que acarrea la formación. En estos sectores es básico el trabajo
por fidelizar los técnicos, incluso en temporadas de baja
productividad.
Desde el punto de vista económico, hemos oido muchas declaraciones que
llevan a la reflexión, de las cuales centra mi atención la posibilidad
de privatizar la gestión aeroportuaria de Barcelona bajo el argumento
de que los grandes avances y los grandes logros económicos han venido
siempre de la mano de grandes empresas y sus modelos de gestión.
¿Y de dónde vienen esos señores? Lo cierto es que hasta ahora la única vía de acceso eran las dichosas prácticas, pero, sobretodo, la incorporación de jóvenes a ciclos de una Formación Profesional absolutamente desprestigiada.
El Banco Central Europeo incrementó hace unos días los tipos de interés en un 0,25% en un momento en el que la inflación se mantiene en ratios más que aceptables (por debajo del 2%). Eso, sin duda, no ayuda por igual a todos los paises de la eurozona, y es en España, donde más dudas suscita el futuro, pues la base de su crecimiento económico han sido el consumo privado y la construcción, los cuales se ven estrechamente afectados por las fluctuaciones de los tipos.
A tenor de esos dos indicadores, y teniendo en cuenta la progresiva subida de intereses por parte de un banco sobre el que, recordemos, el Gobierno español no ejerce control, veremos que nos encontramos en una situación de incertidumbre.
Según la patronal Pimec, contando que más de 400.000 personas utilizan cada día los servicios de cercanías de Renfe y que los retrasos tienen un promedio de 10 minutos por tren, las empresas catalanas soportan pérdidas de un millón de euros diarios.
Sabemos que el perfil del esquiador es muy exigente. Esquiar no sólo es
un deporte, sino un acto social; un símbolo de imagen. Por ello las
estaciones de esquí deben invertir continuamente en activos fijos para
una mejor prestación del servicio y una mayor competitividad frente a
otras estaciones, de modo que les reporte un crecimiento de ventas que
compense dichas inversiones. Históricamente las estaciones de esquí
que no han invertido en activos fijos de manera intensiva, o bien han
cerrado, o bien han pasado a manos de gobiernos autonómicos.
Pero en todo esto existe un riesgo principal: la posible falta de nieve
que, obviamente, no se encuentra bajo el control de la empresa. Una opción es la producción de nieve artificial,
pero eso es algo que no siempre está bien visto por los clientes, por
lo que revierte de nuevo negativamente en las visitas. Y la verdad es
que no se entiende. El proceso de producción de nieve se realiza en
condiciones de temperatura húmeda y viento favorables, y usa como
fuentes aire y agua (que proviene de acuíferos o lagunas cercanas). Y
de ahí viene el escándalo injustificado. Incluso entidades como la
Agencia Catalana del Agua denuncian la presión mediática en lo que se
refiere a la producción de nieve artificial, alegando que dichas
prácticas favorecen la creación de reservas de agua en altas cotas que,
de otro modo, desaparecerían por evaporación o escorrentía. Pero los
clientes no entienden de tecnicismos y si no hay nieve de verdad, no
vengo.
