Placer por la economía
Hay dos cosas en la economía que no dejaran nunca de sorprenderme. Estoy seguro que son lo que me enganchó desde el principio y que llevó a este biólogo a hablar del entorno económico y cómo este afecta a nuestra sociedad y nuestros hábitos.
Os hablo del efecto de la confianza y el modo en que, cuando hablamos de economía, todo está conectado y el mundo se hace pequeño. Pocas cosas reflejan mejor la globalización.
Os hablo de la volatilidad de los números más sólidos, del efecto mariposa de la financiación mundial, del colapso de los bolsillos por el coste del petróleo o las pérdidas que genera un volcán...
Precisamente, la pasada, ha sido una semana loca y llena de evidencias sobre lo que os comento. La montaña rusa de la Bolsa en motivo de los rumores sobre España vs. Grecia, el efecto de lo que digan determinadas personas o agencias sobre la solvencia española, el efecto de un error humano o informático en Wall Street...todo, absolutamente todo, tiene su efecto directo en las transacciones comerciales de todo el mundo, en la riqueza de las empresas y en los bolsillos de los ciudadanos...y lo más sorprendente: lo hace de manera prácticamente inmediata.
Hace tiempo que digo que los ciclos económicos parecen acelerarse. Ya no cumplen la duración a la que nos acostumbró el siglo XX . Las crisis pasan de 0 a 100 en un sólo año (aunque se cultiven durante todo el ciclo...claro!), y las expectativas de recuperación no toman más de dos años (ya veremos). Por ejemplo: Entre la subida más acentuada del euribor y su caída más radical no pasó ni un año.
Pero las conexiones más interesantes no son las macro, que parecen evidentes, sino las que nota el consumidor cuando va a la compra, pone gasolina o paga sus facturas. Que baje la hipoteca porque Alemania sufre, que sea mas barato comprar a EEUU que en la tienda del barrio porque Obama debe dinero, que mis productos habituales de consumo cambien de nombre...o incluso lo pierdan siendo los mismos, que el catálogo low cost vaya más allá de los billetes a avión gracias a internet, que el pescado del súper suba por una mancha en Méjico, o que la harina lo haga porque la India o la China van bien y crecen...
Todos somos víctimas y beneficiarios de un sistema que, a decir verdad, no sé a dónde puede llegar. Tener de todo y en cualquier momento tiene un precio distinto para cada país; para cada bolsillo. El problema es que nosotros, los curritos, no decidimos de qué queremos disponer y de qué no, por lo que pagamos el full cost, y luego que sea lo que Dios quiera.
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