Propinas
Hay países en los que dar propina es cuestión de cortesía y otros en los que se convierte en necesidad imperiosa. Como buen catalán, opino que dar una propina supone una gratitud hacia un servicio por encima de toda expectativa y, por supuesto, su importe no debería exceder lo razonable.
Sin embargo, para todos aquellos que hemos estado en parajes como Egipto o Estados Unidos, sabemos que no dar propina, no es una opción. Es como el caso de las grandes ciudades españolas donde existe la figura ilegal del tipo ese que nos "vigila" el coche en plazas de aparcamiento públicas. Le damos propina, pero por miedo a que sea él mismo quien nos raye el coche.
De hecho, estos dos ejemplos que he puesto, EEUU y Egipto, plantean el tema de un modo muy disntinto. Mientras en el primero lo hacen con un cálculo exacto presentado ya en el tiquet de compra (a menudo seguido de frases como "encantad@ de servirle"), en el otro lo hacen de un modo más "natural". En Egipto las propinas se dan para absolutamente todo, y eso es algo que no sólo afecta a los turistas, sino que se trata de algo arraigado en la cultura. Pero, ¿es buena dicha práctica?
Más allá de lo incómodo que resulta no saber si corresponde o no dar propina o si el importe seleccionado es razonable o el esperado, la práctica de las propinas en países como Egipto se ha convertido en una necesidad; en un complemento absolutamente necesario para el sustento de las famílias.
Los sueldos, de por sí bajos (bajísimos), prácticamente nunca llegan a cubrir los gastos mínimos de una familia. Además, las tasas de inflación, a pesar de un precio de la gasolina absolutamente irrisorio, siempre se mantienen en valores elevados que nada tienen que ver con los nuestros (sobre el 8%). Por tanto, la liberación económica del país y el poder adquisitivo no han ido de la mano. Por todo ello, el pluriempleo y la dedicación a tareas que supongan grandes propinas, son una salida habitual. Pero una propina es un montante de dinero incontrolado e imprevisible. Ninguna economía familiar puede sustentarse y planificarse en base a una entrada de liquidez desconocida. Por supuesto, si eso es así en la economía doméstica, mucho más lo es para quien nos tiene que prestar dinero: los bancos, que lo único que buscan es garantía y rentabilidad en el retorno del préstamo. Por tanto, un perfil típico de joven egipcio, que malvive en alguna barriada de El Cairo, nunca tendrá posibilidad de acceder a vivienda en propiedad, pero siempre lo encontraremos con las últimas tecnologías de telefonía movil disponibles. Dicho por ellos mismos, el egipcio disfruta de lo que tiene sin pensar.
A mí desde luego me resultó de lo más estresante tener que calcular continuamente qué era justo darle a cada uno de los intermediarios que se ocuparon de mi bienestar en el país. Espero que almenos todos tengan teléfono nuevo.
- ¿Te gustó el post? »
- Vótalo (52)
- Añádelo a tus favoritos
