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¿A quién preocupan las pensiones?

Las pensiones no están aseguradas para nadie. Las pensiones van a la baja y tienen que desaparecer, al menos, tal como las conocemos. Nadie está trabajando hoy por las pensiones del futuro y nadie parece querer poner una alternativa sobre la mesa.

En España viven hoy poco más de 47 millones de personas.

A día de hoy sólo 16 millones de personas están empleadas y, más de la mitad, lo hacen con salarios mileuristas, y otro tanto, en condiciones de temporalidad.

Actualmente el paro asciende a más de 5 millones de personas. 5 millones de personas de población activa está desempleada y, en muchos casos, han perdido ya toda prestación por desempleo y, por tanto, hace tiempo que dejaron de aportar fondos a las arcas de la Seguridad Social.

Por otro lado, tenemos una masa de población de 11 millones de pensionistas, lo que nos sitúa en 1,45 personas activas cotizando para cubrir cada pensionista. Insostenible.

Sin embargo, y ante tal situación, el Gobierno aboga por seguir confiando en el sistema de pensiones y promete no devaluarlas (más)...bien, promete que esa sería la última de las acciones que tomaría.

Es impensable el simple planteamiento de un futuro con este sistema. Es absurdo pensar que algún día tendré una pensión tal como la conocemos.

Una cosa está clara: si el sistema se mantiene, con el nivel de aportación actual a la Seguridad Social, mi pensión no podrá superar los 300€ mensuales, como ya ocurre en Grecia.

Estamos en plena implantación de la reforma laboral y, con ella, de la agilidad y flexibilidad en los despidos y, en otros casos, de las prejubilaciones. Estas últimas, a veces atractivas (según el sector), otras veces un callejón sin salida.

Y es que prejubilarse supone periodos largos de negociación con la empresa para acabar aceptando una retirada total del mercado laboral. Si quieres pensión, te retiras del todo aunque no tengas la edad y el motivo de la jubilación no haya sido otro que salvar tu actual empresa.¿Tienes ideas? Pues las escribes en un libro y a otra cosa.

Hablo de la incongruencia de tener las arcas de la seguridad social vacías, de tener un sistema deficitario, y que el mismo sistema impida que en un grado u otro una persona jubilada pueda cotizar con pequeños trabajos compatibles y que pueda completar así una más que ridícula mensualidad.

Hablo de la incoherencia de quejarse por estar en lo más alto de las listas de fraude fiscal y de economía sumergida (y dinero negro), y sin embargo no permitir (o dificultar enormemente) que una persona que esté cobrando el paro pueda cotizar con el mismo tipo de trabajos por horas, jornadas parciales u otros complementos que puedan ayudar a incrementar el sueldo mensual que le aporta la seguridad social tras haber trabajado con sueldos mileuristas.

En lugar de facilitar que quien quiera pueda cotizar y contribuir, preferimos gastar el dinero público en subsidios, subsidio del subsidio y limosna del subsidio del subsidio. Y ahora un poco de demagogia: ocurre exactamente igual con la legalización de la prostitución, sector que, por cierto, no parece estar nunca en crisis y que mueve muchísimo dinero.

 

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