Reciclar sí, ¿pero cuánto gano?
Reciclar está de moda. Tener miles de pequeños contenedores con todos los colores del arco iris y unas etiquetas divinas indicando lo que sí y lo que no debe ser vertido en ellos: pilas, plástico, tetra-bricks, papel, materia orgánica, y un largo etcétera que muchos, después, no saben a dónde va ni quién hay detrás de su gestión.
Pues detrás hay empresas, a menudo muy innovadoras, que se deben a dos clientes: la sociedad y el comprador. Pero ojo, porque el primero es un cliente grande, exigente y crítico, que, por lo general, sabe muy poco acerca de nuestra actividad y de los beneficios que tiene ayudar al segundo.
¿Nos hemos planteado alguna vez qué sucedería si, de repente, todos los ciudadanos de la ciudad padeciéramos el mismo síndorme segregador? Sencillamente, con las infraestructuras actuales, los gestores no darían abasto, y el esfuerzo de la población sería en vano. Pero no hay de qué preocuparse. Ni en el mejor de los sueños caerá la breva de saturar las empresas de gestión y valorización de residuos. La realidad es otra muy distinta que, de rebote, conlleva unas consecuencias económicas muy importantes para las empresas implicadas.
Y es que existe la particularidad de que nuestro cliente principal (la sociedad) es, además, nuestro único proveedor válido; un proveedor cuya "materia prima" repercute directamente en nuestros resultados y en la calidad ofrecida al cliente "comprador". Lo adivinaron: nuestro proveedor es nefasto.
Pongamos un ejemplo concreto como es la gestión de PET .
Dicho proceso de valorización se realiza en plantas donde la mayor parte de las máquinas que componen sus líneas de producción están destinadas a la segregación de los distintos materiales que van llegando. Dichos materiales provienen, entre otros, de las distintas entidades municipales de recogida selectiva de residuos: en este caso, de los contenedores para envases de plástico.
El proceso productivo consiste en deshacer las balas de plástico recepcionadas y someterlas a numerosos procesos de separación de todo aquello que no incluye PET (especialmente interesante ver el proceso de separación del plástico triturado procedente de las botellas respecto del procedente de las etiquetas o los tapones de las mismas). Para ello: separación manual, vibraciones, imanes, lavados, y un largo etcétera antes del inicio de la gestión propiamente dicha. Y es que aunque llegan prensados y paletizados, incluyen plásticos de todo tipo, y no sólo PET. Por tanto, la empresa gestora debe invertir muchísimo tiempo y presupuesto en la implantación de sistemas de separación, selección y desecho de todos los componentes no valorizables por la planta (y para los que, por tanto, no hay cliente destino).
Producto final: viruta de PET de distintas calidades.
Resultado: con el objetivo de valorizar el PET procedente de la recogida selectiva, la realidad es que estas plantas de gestión no consiguen extraer más de un 20% útil del total de plástico recibido. ¿La culpa? No se trata de un cliente demasiado exigente, sino de un proveedor flojo, ligado a una infraestructura y formación insuficientes que permitan la separación del PET desde el origen.
El Precio: Por un lado el de una sociedad a la que se le da un servicio a medias, dado que únicamente se da salida valorizada a los productos con clientes potenciales (viruta de PET, en este caso). Ello conlleva la creación de grandes cantidades de merma que ya no son recuperables de ningún modo. Pero por el otro lado, además, tenemos a una empresa obligada a invertir fuertemente en activos que permitan extraer la materia prima útil para la producción. Es decir, no se trata de mejoras que lleven a un mayor beneficio real, sino que hablamos de un gasto necesario para compensar la cada vez peor calidad de la materia prima recibida y servir, así, viruta valorizada bajo los requisitos de calidad solicitados por el cliente y no desaparecer.
No parece una situación idílica. Pero es que el mundo de la gestión de residuos, cedida a empresas privadas, tiene estas incongruencias. En palabras de otro gestor de plástico: " Las empresas se están mentalizando en segregar, y a mí no hacen más que llegarme vasos de las máquinas del café. Si los trituro y recupero el plástico, al calentarse la máquina, el azúcar se vuelve caramelo y me la estropea. Por el contrario, si lavo primero los vasos, genero un consumo de agua insostenible. Solución: llevar los vasos a incineradora y estar eternamente agradecido a la sociedad por su esfuerzo en vano".
¿Te pareció interesante este mensaje?

